Vísteme despacio que tengo prisa.

Hace un par de domingos, me desperté con muchas ganas de cocinar algo especial. Acudí a la despensa y, tras observar con detenimiento, eché en falta un par de ingredientes claves en mi receta, así que decidí dirigirme a un supermercado cercano dando un paseo.

Siempre he pensado que los domingos desprenden una energía única. Evocan múltiples emociones cargadas de vitalidad, alegría y luz. Me dan ganas de comerme los domingos a bocados, como si del mejor de los manjares se tratara.

Tras disfrutar sensorialmente de mi experiencia dominguera, crucé la puerta principal del supermercado, bajé un tramo de escaleras, atravesé una segunda puerta y me hallé en el interior del comercio. De repente, observé a un gran grupo de personas que se amontonaban y revoloteaban tratando de hacerse hueco para poder visibilizar el mostrador. Pensé que podría tratarse de algo asombroso, único y merecedor de ser contemplado. Levanté la cabeza buscando el letrero, para saber qué apartado del supermercado se encontraba en ese lugar, y así comprender a qué podría obedecer tal gentío. Y, repentinamente, lo vi. Unas grandes letras en color verde esbozaban “comida preparada”.

Por un momento, pensaba que se trataba de un absurdo. Me había desplazado hasta allí porque me faltaban un par de ingredientes para mi receta, mientras que había personas que hacían tiempo y esperaban, para comprar comida que no requiere tiempo de preparación.

Esperar para no perder tiempo. No debía sorprenderme. Debo reconocer que en otras muchas ocasiones, también había recurrido a ello por falta de tiempo. Hasta Jordi Roca se habrá comprado algún pollo asado para llevarse a casa alguna vez, quién sabe.

El estrés y las prisas son el aderezo de nuestros días. La escasez de tiempo, la neblina que nos impide ver más allá. La que no nos permite dedicar más tiempo a lo que nos gusta de verdad. La que nos impide parar, respirar y dedicarnos tiempo. A nosotros y a los nuestros.

Sumidos en una vorágine de actividades, quehaceres, clases, reuniones… la esencia se desvanece, convirtiendo cada instante en una monotonía constante. Relegando a un segundo plano lo verdaderamente importante. Como si acumuláramos montones de envoltorios de bombones, y nos olvidásemos de comer y disfrutar de su contenido.

Comida preparada, comercio electrónico, servicio a domicilio… dan respuesta a la cultura de la inmediatez. El ya, el ahora. Funcionan por nuestra escasez de tiempo. Por nuestro ansia de conseguir todo cuanto antes.

Después de tropezar en múltiples ocasiones, reconoces que lo único que te ayuda a crecer es el tiempo. Comprendes la importancia de los tiempos, en la vida, en las relaciones humanas y en la cocina.

El tiempo ayuda a madurar, a hacerte más fuerte, a apreciar la vida, a disfrutar de los buenos amigos, a conocerte por dentro, a conectar con tu interior, a reflexionar. El tiempo siempre da perspectiva. El tiempo nos hace sabios.

Tiempo se necesita para aprender a hacer un bizcocho, para tocar cualquier instrumento, para hablar chino mandarín (aquí especialmente), para fortalecer una amistad, para cuidarte, para aprender, para saber, para viajar, para reír, para soñar… tiempo. Y muchas ganas.

El tiempo, intangible e imprescindible. Tan efímero como perpetuo en la memoria. Ese que nunca desparecerá. Los recuerdos, la experiencia, las lecciones de vida, las ilusiones, los reencuentros, la alegría, la ilusión.

Tan etéreo, pero tan nuestro.

Cada cosa que merece la pena, necesita tiempo. La diferenciación implica tiempo. Todo esto me recuerda a la ceremonia del té que celebran en Japón. El ritual da significado al valor que otorgan a la forma y al contenido. La importancia de dedicar tiempo, delicadeza y tenacidad a cada momento.

Dedicar más tiempo a lo que me emociona verdaderamente, lo que me llena, lo que me ilusiona, lo que me cosquillea por dentro, lo que me hace crecer, lo que me forja, lo que me alimenta, lo que me pide mi interior… ahí está la diferencia.

12-visteme-despacio-que-tengo-prisa

Es el momento.

 

by MdeMartina

Foto: vía Pinterest

 

 

Anuncios

9 thoughts on “Vísteme despacio que tengo prisa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s