Otra ronda, por favor.

Quizás fue precisamente eso lo que me hizo elegir. Me adelanté a acontecimientos que aún siquiera habían sucedido. Quizás una parte de mí si lo sabía, aquella que me hizo lanzarme sin paracaídas.

Una sencilla decisión puede ser la antesala de una vorágine de cambio, o el preludio de una constante natural.

Aún recuerdo el momento en el que lo decidí. Casi con trenzas y aires de mujer, cuando aún no era más que una niña a la que le quedaba todo por vivir.

Igual fue eso lo que me hizo decantarme por esa rama y no otra. Ciencia experimental. Como la vida propiamente dicha. Prueba y error. Sin laboratorios ni tests de resultados. Lo único bueno es que con el paso del tiempo cuentas con datos históricos. El arte está en saber cómo emplearlos.

Para mí el peligro no viene de saltar, sino de quedarse en lo alto del acantilado sin asomarse, por miedo a escurrir y caer.  Si no te acercas al borde, nunca conocerás todo lo que puedes ver desde allí. Llega un momento en el que no te queda otra, que confiar en tu paracaídas y tirarte al vacío. Sin mirar atrás, sin mirar más allá. Sólo pensando en el instante presente. Arriesgándolo todo, en un momento en el que estas únicamente tú. Estás tú y tus miedos. Pero también estáis tú y tus ganas de vivir, de experimentar, de pensar en ahora y dejar las consecuencias para más tarde. Porque nunca conoceremos cuáles son. El riesgo forma parte de la vida. Y es precisamente eso lo que da valor a cada una de las cosas buenas.

Hace tiempo dejé de pensar en el después, en lo que vendrá. Es hoy lo importante. Y hoy estoy dispuesta a saltar. Hoy salto. Hoy lo apuesto todo al rojo. Hoy quiero vivir, sentir, descubrir y experimentar. Hoy dejo las letras pequeñas a un lado. Hoy quiero comerme el mundo. Quiero apartar todo lo que resta. Sólo quiero sumas. Hoy quiero retarme a mí misma. Hoy el cambio empieza por mí.

Hoy sólo quiero luz. Sólo quiero ritmo, quiero música, quiero aire, quiero nuevos sabores. Hoy quiero nuevos lugares, quiero perderme sin mapas ni guías. Hoy quiero dejarme llevar, quiero dejar de ser el capitán de mi propio barco, izar velas y que sea el viento el que oriente el timón.

Y mientras, mirando al horizonte, descubro que es así como vinieron las grandes cosas de mi vida. Sin pensarlas. Sin buscarlas. Sin medir los resultados ni contemplar las alternativas. Tirándome mar abierto. Sintiendo cada rayo de sol acariciándome la piel, el vaivén de las olas, del brillo salado que me acompaña en cada brazada.

Hoy no quiero flotadores ni salvavidas. Hoy quiero arriesgarme a vivir. Ya pediré la hoja de reclamaciones si me hace falta.

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Otra ronda, por favor.

A esta invito yo.

 

 

by: Mde Martina

Foto: Mde Martina

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